lunes, 30 de agosto de 2010

Luciérnagas de la conciencia 2


"Dice la Tia Lola: La enfermedad y la muerte no es cosa de Dios, es cosa de nosotr@s...Dios nos da la vida, entonces no lo metamos en esos otros asuntos"

 
"Todas las mañanas, al despertarme, bendigo esta Caracas maravillosa, mi segunda madre, mi segundo vientre dador de vida..Me acuno confiada bajo su Guaraira Repano (El Avila) para llenarme de su energía vital y pasar un día maravilloso dando gracias a Dios por ser caraqueña y vivir en este país de oportunidades llamado Venezuela"
(MCP)

SI ME VES CANSADO

Vera Da Carvalho – poema
Si me ves cansado, fuera del sendero,

ya casi sin fuerzas para hacer camino…

Si me ves sintiendo que la vida es dura,

porque ya no puedo, porque ya no sigo…

Ven a recordarme cómo es un comienzo,

ven a desafiarme con tu desafío.

Muéveme en el alma, vuélveme al impulso,

llévame a mí mismo…

Yo sabré entonces encender mi lámpara

en el tiempo oscuro y entre el viento frío

Volveré a ser fuego desde brasas quietas

que alumbren y revivan mi andar peregrino.

Vuelve a susurrarme aquella consigna

del primer paso para un principio.

Muéstrame la garra que se necesita

para levantarse desde lo caído.

Si me ves cansado fuera del sendero,

sin ver más espacios que el de los abismos.

Trae a mi memoria que también hay puentes,

que también hay alas que no hemos visto…

Que vamos armados de fe y de bravura,

que seremos siempre lo que hemos creído.

Que somos guerreros de la vida plena,

y todo nos guía hacia nuestro sitio.

Que un primer paso y que un nuevo empeño,

nos lleva a la forma de no ser vencidos.

Que el árbol se dobla, se agita, estremece,

deshoja y retoña, pero queda erguido.

Que el único trecho que da el adelante

es aquél que cubre nuestro pie extendido…

Si me ves cansado, fuera del sendero,

solitario y triste, quebrado y herido,

siéntate a mi lado, tómame las manos,

entra por mis ojos hasta mi escondrijo.

Y dime se puede, e insiste: se puede,

hasta que yo entienda que puedo lo mismo.

Que tu voz despierte, desde tu certeza,

al que de cansancio se quedó dormido.

Y tal vez, si quieres, préstame tus brazos,

para incorporarme, nuevo y decidido.

Que la unión es triunfo cuando

ambos vamos con el mismo brío…

Si me ves cansado, fuera del sendero,

lleva mi mirada hacia tu camino

Hazme ver las huellas, que allá están marcadas,

de un paso tras otro por donde has venido…

Y vendrá contigo una madrugada,

la voz insistente para un nuevo inicio.

Que abriré otro rumbo porque sí, he creído,

que siempre se puede…

se puede, Mi Amigo…

Tomado prestado de: www.porlavidayjusticia.com/Marysol Salval

martes, 24 de agosto de 2010

La ética de la comprensión

La ética de la comprensión es un arte de vivir que nos pide, en primer lugar, comprender de manera desinteresada. Pide un gran esfuerzo ya que no puede esperar ninguna reciprocidad : aquel que está amenazado de muerte por un fanático comprende por qué el fanático quiere matarlo, sabiendo que éste no lo comprenderá jamás. Comprender al fanático que es incapaz de comprendernos, es comprender las raíces, las formas y las manifestaciones del fanatismo humano. Es comprender por qué y cómo se odia o se desprecia. La ética de la comprensión nos pide comprender la incomprensión.

La ética de la comprensión pide argumentar y refutar en vez de excomulgar y anatematizar. Encerrar en la noción de traidor aquello que proviene de una inteligibilidad más amplia impide reconocer el error, el extravío, las ideologías, los desvíos.

La comprensión no excusa ni acusa: ella nos pide evitar la condena perentoria, irremediable, como si uno mismo no hubiera conocido nunca la flaqueza ni hubiera cometido errores. Si sabemos comprender antes de condenar estaremos en la vía de la humanización de las relaciones humanas.
En Los 7 Saberes Necesarios. Edgar Morín

sábado, 21 de agosto de 2010

CARATO DE ACUPE DE FULGENCIO



¡Ay Fulgencio!... Te imagino allá en el cielo volando “papagayos”, y ¿porqué no? Preparándole “Carato de Acupe” a los angelitos.
La primera vez que escuché de esta receta tan criolla, “Carato de Acupe”,  fue allá en el Pao, Estado Cojedes, en casa del Tio de Mario, lugar que refugió por bastante tiempo (en carnavales, semana santa, agosto y diciembre), ese multiplicado  amor familiar representado en sobrinos, nueras/yernos  y nietos.
De las tantas maravillosas exquisiteces tradicionales y criollas que disfruté otrora en El Pao, en aquellos maravillosos encuentros familiares, quiero recrear el Carato de Acupe de Fulgencio, original receta, muy caraqueña dicen, según recuerdo.
Guardo en mi memoria la idea que el Carato de Acupe es una receta simple y silenciosa, pero cargada de una infinita presencia y dulzura, como por cierto era Fulgencio, mi suegro.
Fulgencio pocas veces fue autor y protagonista de recetas culinarias en aquellos encuentros familiares de El Pao, en casa del Tio Mario. Fulgencio era ayudante…excelente picador, ¡Dios mío!, no he conocido a otro como él para levantar en un santiamén kilos de cebollines, cebollas, ají, coco, maíz desgranado, picadito y menudito…Ni otro como él para matar un cochino…o para para prender el fogón y la brasa…Pero para que otros hicieran, para que otros se llevaran los honores. Sin embargo ese día del Carato de Acupe todo el proceso fue de Fulgencio: de principio a fin. El fue autor y protagonista culinario. Hoy comparto contigo esa maravillosa experiencia:
Procedimiento:
Calcula dos kilos de maíz blanco en grano que limpias y pones a remojar durante tres días; pasado estos tres días lo lavas y pones a sancochar hasta ablandar; lo dejas en un envase tapado para el otro día (Recuerdo que Fulgenio usó una batea de madera y un liencillo blanco para tapar). Al siguiente día lo enjuagas y lo mueles y le agregas agua para diluirlo y lo cuelas. Le agregas un “melao” espeso de papelón aliñado. Lo guardas en la nevera.
Buen provecho y demos gracias a Fulgencio por regalarnos  esta receta.

CHICHA ANDINA DE MARIA LUISA

La chicha andina de María Luisa tiene aromas de diciembre, de navidades, para ser más precisa.
En aquella vieja casa de Luzón a Brisas, en la popular parroquia San Juan, y luego, en la quinta Susy de la Av. Los Cármenes de El Cementerio, todo se impregnaba del olor a guarapo de piña fermentada, y de la dulzura del melao de papelón que mi madre mezclaba a proporciones “canarias”, tal como mi suegra Castorina; es decir, las medidas del calculo  que te da la experiencia: “…un puñao de esto, o una pizquita de aquello…tu calculas”. En efecto, no pocas veces nos tocó presenciar como el goloso y travieso guarapo de piña, crecía y crecía en dimensiones descomunales al contacto del melao de papelón haciendo una fiesta química que sólo comprendí muchos años después, porque para aquel entonces, María Luisa, mi madre, era para mí sencillamente una “maga” que creaba espumas sin usar ni un batidor.
Hoy comparto con ustedes lo que recuerdo de la receta de la chica andina de María Luisa, que se envasaba en botellas de vidrio, por supuesto reciclados, para obsequiarlo a los privilegiados admiradores que se ganaban ese particular regalo, pues la mayoría tenía que conformarse con un vaso y medio del fermentado líquido…tanta era la demanda de aquella bebida que a más de uno le dejó una borrachera.
Con un poco de nostalgia y con mucha alegría comparto con ustedes la receta de la Chicha Andina de María Luisa:
Ingredientes:
Lavas de 2 a 3 piñas que pelas y reservas las conchas. Estas conchas las colocas con agua en uno o dos  frascos  “enormes,  de esos de mayonesa que usan los perrocalenteros”. Lo “escondes” en algún lugar oscuro de la cocina (Mi madre solía colocarlo debajo del fregadero, que en aquella época se llamaba “fogón”), por un lapso de 1 semana mínimo (El líquido tiene que “empezar a echar espumita”).El día que lo vas a usar, retiras las conchas y cuelas el líquido en un envase.
En una olla preparas una mezcla muy espesa de harina de trigo y harina de arroz en partes iguales (yo calculo hoy día como 6 tazas de  esta mezcla para un litro de guarapo fermentado)
En otra olla preparas unas 6 tazas de agua, con papelón rallado (quizás 1 taza de papelón por cada taza de agua) que “aliñas” con canela, guayabita de Perú y pimienta dulce.
Preparación:
La idea es mezclar estas tres “aleaciones” en proporciones equilibradas: guarapo de piña fermentada, “engrudo de harina” y melaza aliñada. Un truco de mi madre era pasar el “engrudo” de harina por un liencillo para garantizar que la mezcla quedara muy ligera y sin grumos. Hoy en día yo lo proceso en la licuadora, y “casi” logro el mismo efecto, ¡claro!, me pierdo la diversión de “ordeñar” la mezcla.
Esta mezcla se envasa y se conserva en la nevera. Muy fría es una delicia…!Ah!, te advierto que ella sigue fermentándose al pasar los días, te lo digo yo, que muchas veces me tocó, junto a mis hermanas, limpiar la nevera derramada con “la Chicha Andina de María Luisa”